AHORA




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Son las ocho y cincuenta de un Domingo. Según muchos el día de la tristeza por ese reencuentro con el trabajo que tiene que venir. Estoy en Manchester. Hoy no llovió pero hace fresco. Como de costumbre, las nubes tiñen el cielo de un gris que de otra forma, nunca tendría. Se mezcla con el rojo de los edificios y el púrpura de los últimos retazos de atardecer.

Estas son letras robadas. En condiciones normales (de presión y temperatura), nunca habría escrito esto. Me hubiera dejado llevar por el ritmo del carrusel de partidos, el tapete verde de los campos y poco a poco, mi escasa conciencia se habría agotado lo suficiente como para convencerme de incluir la cama en la ecuación. El cambio de escenario para mañana nos lo impone. Nuestra mayor tragedia sería recibir las mismas palabras, ver coches idénticos en la calle y consumir el pollo de ayer, enlatado en nuestra fiambrera de todos los días. Pero hoy no. Es otro instante distinto. Tengo un ataque de presencia y sin buscarlo, me he encontrado en el momento. Revisaba con paciencia infinita y dedo vago, las publicaciones en la pagina de Facebook que regento desde hace ya tres años. Está bien. Es coherente y no pretende engañar a nadie. Cuando he visto el elefante del post llamado "La conexión", he recordado qué tipo de persona soy. El que escribe historias inconexas por el puro placer de escucharlas mientras salen de mi cabeza. Me gusta la textura rugosa de los cuadernos que escribo y sentir el tacto del bolígrafo de rigor que utilice. Es eso. El acto en si.

Ahora me he quedado quieto, escuchando los sonidos del salón. Hay un reloj que no para de hacer tic-tac y un frigorífico que pareciera operado por la NASA. Una luz resplandece sobre la encimera con su reflejo en la jarra de hacer el café, Vera y yo, por la mañana.

Escribo estas líneas como forma de no fallarme, a modo de recordatorio de quién soy y también para atrapar el instante. Sumido en alguno de esos sueños donde conquisto el mundo o lo salvo de alguno que quiere hacer lo propio, se me había pasado la tarde, perdiendo la poca voluntad que sobrevive en el trecho hacia el descanso. Pero ahora no. Me sorprendo en este ahora. Observo lo que hay alrededor de mi y con la suficiente dosis de realidad, visualizo la cuestión de no sufrir mal alguno. Tal vez la tristeza o la oscuridad que barrunto son tan solo compañeros de viaje. Puede que el simple hecho de estar, los ahuyente. Por una vez, operaré a la inversa. Escucharé como los engranajes del reloj encajan.

Post dedicado a Miguel Silva Morencos, que pedía una vuelta a las raíces.

Momentos musicales para el ahora:
Blade runner blues
Chet Baker


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